Las altas temperaturas y la falta de humedad pueden frenar el desarrollo de muchas plantas del huerto. Ajustar los riegos, proteger el suelo y elegir bien el momento de las tareas permite reducir el estrés de los cultivos durante los meses más cálidos.
En Andalucía, las condiciones varían entre el litoral, las zonas interiores y los territorios de mayor altitud, por lo que no existe una única pauta válida para todos los huertos. Aun así, algunas prácticas ayudan a cuidar las plantas sin aumentar innecesariamente el consumo de agua.
El riego debe adaptarse al estado del suelo
Antes de regar conviene comprobar la humedad de la tierra a poca profundidad. La superficie puede parecer seca mientras el suelo conserva agua en capas inferiores, o mostrar humedad después de un riego insuficiente. Observar el terreno y el estado de las plantas ayuda a decidir cuándo hace falta aportar más agua.
Siempre que sea posible, es preferible regar de forma pausada y dirigir el agua hacia la base de las plantas. Mojar constantemente las hojas puede favorecer problemas en determinadas condiciones, mientras que el agua aplicada al suelo llega con mayor eficacia a las raíces.
“Proteger el suelo es una de las formas más sencillas de conservar la humedad del huerto.”
El momento del día también influye. Las primeras horas de la mañana y el final de la tarde suelen ser más adecuados que las horas centrales, cuando la evaporación es mayor y el calor puede dificultar el aprovechamiento del agua.
La cobertura ayuda a conservar la humedad
Una capa de materia orgánica alrededor de las plantas puede reducir la pérdida de humedad y limitar el crecimiento de hierbas competidoras. Para esta función pueden utilizarse materiales apropiados para el huerto, siempre limpios y sin restos que puedan perjudicar a los cultivos.
La cobertura no debe acumularse directamente sobre los tallos. Dejar un pequeño espacio ayuda a evitar un exceso de humedad en la base y permite revisar con facilidad la aparición de daños o enfermedades.
También es recomendable retirar hojas secas, frutos dañados y restos que puedan convertirse en refugio de plagas. Esta limpieza debe hacerse con cuidado para no alterar en exceso el suelo ni eliminar de forma indiscriminada organismos beneficiosos.
Planificar las tareas evita daños a las plantas
Las labores más exigentes, como trasplantar, podar o remover el terreno, conviene realizarlas cuando las temperaturas sean más suaves. Hacerlo en los momentos de mayor calor puede aumentar el estrés de las plantas y dificultar su recuperación.
La sombra temporal puede ser útil para proteger los ejemplares más sensibles, especialmente después de un trasplante. No obstante, debe mantenerse una ventilación suficiente y evitar que la cobertura impida el paso de la luz que cada cultivo necesita.
Revisar el huerto con frecuencia permite detectar hojas caídas, daños en los tallos o cambios en la humedad del suelo antes de que el problema avance. Con pequeñas correcciones en el riego y la protección, los cultivos pueden afrontar mejor el verano y los periodos de calor.

