La información que aparece en el envase determina si un alimento puede seguir consumiéndose con seguridad o si solo ha perdido parte de sus cualidades. Distinguir entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente ayuda a evitar riesgos y también a no tirar productos que todavía pueden aprovecharse.
Ambas indicaciones deben consultarse junto con las condiciones de conservación y el estado del envase. Una vez abierto, además, pueden aplicarse recomendaciones específicas sobre el tiempo máximo de consumo.
Qué diferencia hay entre las dos fechas
La fecha de caducidad se utiliza en alimentos que pueden suponer un riesgo para la salud después de un periodo determinado. Suele aparecer en productos muy perecederos, como algunos alimentos frescos refrigerados. Cuando se supera, no se recomienda consumirlos, aunque su aspecto o su olor parezcan normales.
La fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el alimento mantiene sus propiedades previstas, como el sabor, el aroma, la textura o la calidad. Superada esa fecha, el producto no tiene por qué estar automáticamente en mal estado, siempre que se haya conservado correctamente y el envase permanezca intacto.
La fecha de caducidad está relacionada con la seguridad; la de consumo preferente, principalmente con la calidad del alimento.
Esto no significa que cualquier producto pueda consumirse sin revisar. La fecha debe interpretarse junto con la información del fabricante, las instrucciones de conservación y las condiciones en las que se ha mantenido el alimento.
Qué comprobar antes de consumir un producto
El primer paso consiste en leer exactamente qué tipo de fecha figura en la etiqueta. También conviene comprobar si el envase está hinchado, roto, abierto o presenta fugas. En esos casos, es prudente no consumir el producto, aunque la fecha indicada todavía no se haya alcanzado.
La conservación es igualmente importante. Un alimento que debía mantenerse refrigerado puede deteriorarse si ha permanecido demasiado tiempo a temperatura ambiente. Las indicaciones del envase deben respetarse desde la compra hasta el momento de guardarlo en casa.
Después de abrir un producto, la fecha impresa deja de ser el único criterio. Algunos envases incluyen una recomendación sobre los días en los que debe consumirse una vez abierto. Si no existe esa indicación, hay que valorar el tipo de alimento, conservarlo según las instrucciones y revisar cualquier cambio evidente.
Cómo reducir el desperdicio sin asumir riesgos
Para aprovechar mejor los alimentos, resulta útil colocar delante en la despensa y el frigorífico los productos cuya fecha está más próxima. Revisar periódicamente lo que ya está abierto también permite planificar su consumo y evitar que termine olvidado.
En los productos con fecha de consumo preferente superada, la decisión debe tomarse después de revisar el envase, la conservación y las características del alimento. Si hay dudas razonables sobre su seguridad, especialmente cuando se trata de productos con fecha de caducidad, lo más adecuado es no consumirlo.
Leer estas indicaciones antes de comprar y al organizar la cocina permite tomar decisiones más informadas. La clave está en no tratar ambas fechas como si fueran equivalentes y en atender siempre a las instrucciones específicas del producto.



