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El flamenquín cordobés queda jugoso por dentro y crujiente por fuera con esta receta casera

Flamenquines cordobeses caseros dorados servidos en un plato

Un filete fino de cerdo, una loncha de jamón y un rebozado dorado forman la base del flamenquín cordobés, una receta tradicional muy ligada a la cocina de la provincia de Córdoba. Su preparación es sencilla, aunque requiere cuidar el enrollado y la temperatura del aceite para que quede bien hecho por dentro sin absorber demasiada grasa.

El resultado puede servirse como plato principal, acompañado de ensalada, patatas o verduras. También es importante dejar el rollo bien cerrado antes de pasarlo por harina, huevo y pan rallado.

Ingredientes y preparación del relleno

Para preparar flamenquines en casa se necesitan filetes finos de cerdo, lonchas de jamón serrano, harina, huevo, pan rallado, aceite de oliva y sal. La cantidad dependerá del número de unidades que se quieran elaborar.

En primer lugar, se revisan los filetes y se afinan con ayuda de un mazo de cocina si tienen zonas demasiado gruesas. Deben quedar lo bastante flexibles como para enrollarlos sin que se rompan. Después se coloca una loncha de jamón sobre cada pieza, procurando que no sobresalga demasiado por los extremos.

El filete se enrolla desde uno de los lados hasta formar un cilindro compacto. Conviene presionar ligeramente durante el proceso para que el relleno quede sujeto. Si fuera necesario, se puede cerrar con un palillo, que habrá que retirar antes de servir.

“La clave del flamenquín está en conseguir un rollo firme y una fritura rápida.”

Una vez formados, los rollos pueden reposar unos minutos para que mantengan mejor la forma. Este paso también facilita el empanado y reduce el riesgo de que se abran al entrar en contacto con el aceite.

Empanado y fritura del flamenquín

Para empanar cada unidad, se pasa primero por harina, después por huevo batido y, por último, por pan rallado. Es importante cubrir bien los extremos, ya que por esas zonas puede salir el jamón durante la fritura.

El aceite debe estar caliente, pero sin llegar a humear. Los flamenquines se fríen de uno en uno o en tandas pequeñas para evitar que la temperatura baje demasiado. Se les da la vuelta cuando la superficie presente un tono dorado y se retiran a un plato cubierto con papel de cocina.

Si los filetes son gruesos, el exterior puede dorarse antes de que la carne termine de hacerse. Por eso resulta preferible utilizar piezas finas y controlar el fuego durante toda la cocción.

Cómo servirlo y conservarlo

El flamenquín se sirve caliente, cortado en piezas o entero, según el tamaño. Una ensalada, unas patatas o unas verduras salteadas ayudan a completar el plato sin restar protagonismo al relleno.

Para disfrutar de una textura crujiente, lo más recomendable es consumirlo recién frito. Si se prepara con antelación, conviene conservarlo refrigerado y calentarlo después en el horno o en una freidora de aire, evitando en lo posible el microondas, que puede ablandar el rebozado.

Con filetes finos, un enrollado compacto y una fritura controlada, esta receta ofrece una versión casera de uno de los platos más reconocibles de la cocina cordobesa.

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